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Pamela Jara Rocha : Haciéndonos “amigos” de los miedos.

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Por Pamela Jara Rocha escritora de la ciudad de Traiguén

El miedo es una emoción caracterizada por una intensa y desagradable sensación en la que se percibe un peligro sea este real o imaginario, del presente o incluso del pasado. Emoción natural de rechazo ante una “amenaza” la que en algunos casos puede transformarse en terror.

Todos en algún momento sentimos miedo. De hecho el miedo es algo constante en nosotros. Pero es bueno no asociar siempre el miedo a algo malo, porque tiene SU lado positivo, pues nos permite reconocer aquellas situaciones que pondrían en peligro nuestra propia integridad y la de quienes amamos.

El miedo evita exponernos por ejemplo, andar por la calle a altas horas de la noche con el serio riesgo de ser asaltado o sufrir algún otro tipo de percance. También nos ayuda a ser prudentes al conducir un vehículo sin tener que lamentar un accidente con serias consecuencias.

Algunos de los miedos más comunes son: El fracaso, cambios en la vida personal y familiar, miedo a equivocarse por querer hacer todo a la perfección, a la muerte, no tener dinero, a ser rechazado.
Pero, ¿qué pasa cuando el miedo se prolonga en el tiempo y sin justificación aparente se hace tan intenso al punto de ser enfermizo?  Entonces este miedo se transforma en algo altamente nocivo, dañino y “tóxico” pudiendo afectar nuestra salud y bienestar. Por eso ¿cómo evitar que los miedos nos afecten al punto de paralizarnos?

Existen pasos que podemos dar al respecto y que pueden permitir la disminución de este miedo tan intenso. Algunas sugerencias son las siguientes:

 

1.     Aceptar que tenemos miedo. Esto no implica debilidad, pues sabemos que todos los padecemos en mayor o menor grado por eso es importante reconocerlo. Éste punto es clave para comenzar el trabajo.

2. Identificar cuál es el miedo que más nos afecta, aunque a veces resulta difícil detectarlo.

3.  Entender que no hay nada malo en tener miedo. Él es parte de nosotros, pero no al punto de controlar nuestra vida.

4.   Mirar el miedo a la cara y enfrentarlo. Si huyes de él, huirás toda la vida.

 

Estos cuatro pasos pueden ser muy útiles y prácticos. Es bueno tener claro que quizás nunca logremos superar completamente nuestros miedos, pero si podemos mitigar su intensidad al hacerles frente con decisión y que éstos con el tiempo lleguen a ser “nuestros amigos”.